$wp_cache_debug_username = '295cc923830677aca5c24e9b0fcaf3c0'; $wpsc_version = 169; «El Libro de San Marcos», de Victoriano Crémer » Capital León
Cistierna frente culturas transnacionales bar textos procomún vínculo Kurt Schindler audio mayos rusia leyenda Postal Prisión urbanismo socializar jornadas comunicación Moscas Babia Columbia Arquitectura 1936 abril musac english compartir Llionpedia capitán Rodríguez Lozano observatorio ile infografía Iglesia nostalgia Cabezadas debate Azucarera Santa Elvira estrategia confianza mercado Legión Cóndor rey Workshop Genarín display_podcast Historia político ética folklore satanismo estraperlo deporte Base Aérea de La Virgen del Camino llionés San Marcos mapa papones eclipse Personajes topo San Isidoro Filandón París Fundación Sierra Pambley Bombardeo de Guernica proceso guirrio Vaqueiradas Cantaderas Botillo invisible legio VII represión limonada calle libertarias Cancionero leonés Gitanos Pierre Puiseux inquisición antruejo cuerpo incorrupto biografía instrumentalización editar Durruti globalización escultura ayuntamiento plataforma enseñanza Wolfram von Richthofen universidad Poderes archivo_taller herramientas Calle de la Catedral twitter despoblación portugués 1905 abuelo poesía migración riaño berlín grúa prieto picudo Unión del Pueblo Leonés Imágenes Semana Santa Localidades pedagogías invisibles cultura valor capital mundo rural coordenadas producción Pendones 1939 vino Montaña fotografía deicidas Roma USA plaza conflicto testimonio Matar judíos Crimenes convención Catedral recitar ruisa telégrafo Palacio del Conde Luna duda Políticos solapamiento relato identidad sentimiento Prensa autonomía leonesa Calle de Fernando Merino Puerta Castillo Calle Matasiete Astronomía Reino de León autocrítica memoria La Bañeza Judíos Mariano Domínguez Berrueta universida cgt posmodernidad marginación ayuda Arqueología industrial guerra Arte cecina hilo Biblioteca Azcárate gastronomía ciudadanía meteorología Video #acampadaleon hashtag mirada cultura leonesa capital simbólico colectivos Guerra Civil religión Actualidad ramo leónes comunidad Corpus intercambiar #leoncapital twubs Maragatería CNT Libros diversidad Sucesos música #spanishrevolution Anarquismo León ecología Bierzo Toulouse Girón País Llionés
 

LA VIDA DIARIA EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN FRANQUISTAS ANTIGUO HOSPITAL DE SAN MARCOS, LEÓN

(Extracto del «Libro de San Marcos» de Victoriano Crémer*)

Tenía razón Prida, qué hombre, tan distinto a cuantos ya llenábamos la celdona, más de cien hombres en no más de cincuenta metros y si no sobraba sitio, tampoco faltaba, que el ser humano es especie de muy singulares condiciones de adaptabilidad; pues tenía toda la razón cuando aseguraba sin levantar la voz, como si dictara una lección sobre Góngora, que la sinrazón no mueve montañas; desde luego, pero acaba con el prójimo, le replicaba nervioso Mariano Blanco, moviéndose entre los petates acumulados contra la pared…

Se nos había llenado la celda de huéspedes y hubo que organizarse, por la cuenta que nos tenía, nombrando un cabo o representante para las autoridades del campo de concentración, que eso era San Marcos, vamos a dejarnos de eufemismos, insistía Fernández Pereiro, a quien llamábamos Rey como apellido más conocido, porque de prisión celular nada y de cárcel modelo mucho menos;y se nombró «capo» o cabo a un Muñíz Alique, que parecía disponer de cierta consideración por parte de los guardianes; y bien que necesitábamos de autoridad representativa y ejerciente en el interior, principalmente en los momentos verdaderamente graves del programa del día: la higiene a carrera contra reloj, el rancho y sus complicaciones, dada la enormidad de hambre almacenada, y el acomodo nocturno de ciento y más yacentes sobre espacio en el que anteriormente tan solo se alojaban dos caballos, por más que fueran percherones.

Sobre el territorio delimitado por una manta de munición extendida, yacíamos y hasta dormíamos debidamente, sincronizados los movimientos, Caruezo,médico; Fuertes, abogado y yo, que no era nada y «abultaba menos».

«Â¡Comeos los unos a los otros!», nos aconsejaban piadosamente los guardianes, «y así tendréis más sitio»; y aunque no a tales extremos de antropofagia llegáramos y no por falta de hambre, sí se prodigaban los incidentes a la hora de acoplamientos nocturnos; y allí el capo y su autoridad antes de que la impusieran extraños a golpe de culata; pero salvadas esas extremadas circunstancias y las no menos extremadas a que obligaban las digestiones nocturnas producidas por la pueca y parca colación, a base de mondas de patatas entre cocidas que imponían en los descompuestos una alucinante tournée hacia los recipientes previstos para el caso, pisando durmientes, el resto de la jornada, si no se producían salidas para «prestar declaraciones», de las cuales no se regresaba o se volvía «como para no prestar», se desarrollaba normalmente, quiere decirse todo lo civilizadamente que cabía esperar de una comunidad a la fuerza tan diferente y, por tanto, de tan contrarias reacciones y comportamientos; que el hombre, explicaría no sin mala uva Blanco, nuestro dibujante, es una animal de costumbres.

La artesanía presidiaria había conseguido preparar no solamente barajas, con cartoncillos de cajas de cerillas, sino hasta tableros y figuras para los juegos del ajedrez y de las damas, con piezas amasadas de miga de pan,composición ésta tan tentadora que nos obligó más de una vez a rehacer piezas y no solamente por la avidez de las ratas y ratones, de las que contábamos con nutridas mesnadas, sino porque el hambre es mala consejera y nunca faltaban estómagos republicanos o socialistas o ácratas agradecidos que se brindaran a dar hospitalidad a reinas y reyes; y era en ese tiempo de serenidad y confianza cuando se desplegaba el capítulo de las confidencias y todos acabábamos por saber un poco de cada uno, que tampoco la situación y los recelos eran como para confesarse, que en todas partes había soplones.

También solíamos recibir visitas de gentes, naturalmente adictas, o sea, muy de derechas, como decía el Chato del Puente, que nos contemplaban desde la puerta o desde la ventana, como si fuéramos monos, y es de suponer que por nuestro aspecto, pelados al cero, barbudos, andrajosos y malolientes, no cabría la equivocación de suponernos seres humanos; cuando se cambiaba la guardia, los nuevos responsables de nuestros cuidados, qué cosas, solían someternos a sagaces interrogatorios: por ejemplo, a Prida, que había declarado su condición de diplomático, le cargaban la tremenda culpa de haber sido nombrado por Gordón Ordás y, por tanto, que consecuentemente, erauna masón de tomo y lomo y un dinamitero de la sociedad y la religión; y como Acero, que era un muchacho empleado municipal y que presentaba bien visible en el mono que vestía, una S y una M, pues se empeñaron en traducirlas iniciales por Sindicato Marxista, y por intentar corregirles, asegurando bajo palabra que aquella S y aquella M significaban «Servicios Municipales»,se ganó un culatazo, que fue toda una lección para la comunidad.

De modo que, convencidos de qu en boca cerrada no entraban moscas y que porla boca muere el pez, acatábamos disciplinadamente cualquier anotación biográfica que se nos hiciera, mientras la población reclusa se incrementaba de manera tan alarmante que temimos que llegar un día nada lejano en que nos viéramos obligados a dormir por turnos y a comer, es un decir, un día a lasemana.

Venían grupos numerosos de Valderas, de Ponferrada, de Mansilla, de León,naturalmente: Pindado, uno de los Monje, Elías el de Villamandos, Félix Pérez, el Rojo del Molino, el Chato del Puente, Celiano el tipógrafo, Eloyel transportista, Campelo el comunista; allí todos hirviendo en aquella olla podrida de la celda número cinco; mientras Prida leía a Góngora, Blanco dibujaba, Caruezo ensayaba curaciones milagrosas sin medicinas, Fuertes aconsejaba argumentaciones jurídicas para las defensas inútiles ante los Consejos de Guerra y, en amplia colaboración, con música de tango,componíamos el «Himno al ceneque o el que con pan sueña», y la coral «Cuatro paredes»…

Lo que no impedía que la máquina represiva funcionara inapelablemente,
rigurosamente y que fueran desapareciendo, por misteriosos turnos, los unos y los otros…

(*) Victoriano Crémer es un reconocido escritor leonés, en «El Libro de San Marcos» relata su experiencia personal como preso en este campo de concentración por haber pertenecido al Partido Sindicalista de Ángel Pestaña

LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN FRANQUISTAS: San Marcos, León

Durante el periodo de 1936 a 1939, el edificio del antiguo Hospital de San Marcos en León se convirtió en uno de los mayores campos de concentración de España, con una población reclusa de alrededor de 7.000 hombres y 300 mujeres. Más de un millar fuero fusilados y en su gran mayoría inhumados en la fosa común del cementerio de León, donde ahora se va a instalar una placa con sus nombres a propuesta del Foro por la Memoria de León.

 

Share

 Leave a Reply

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

(required)

(required)

   
© 2023 Capital León Suffusion theme by Sayontan Sinha