La cuenta, que un gigante, al que nadie había visto nunca, salía durante la noche, y con su potente hocico iba destruyendo todos los cimientos que los canteros habían colocado el día anterior. Durante semanas, los canteros no avanzaban en su trabajo, ya que no eran capaces de evitar las destrucción de su trabajo por este ser maligno. Hartos de trabajar y no dar por terminado su trabajo, se decidieron a colocar una tramapa. Idearon un cepo gigante con el que dar caza a tan dañino animal. Y así fue, la primera noche que colocaron la trampa, oyeron como algo había quedado atrapado en la trampa. Cuando se acercaron pudieron ver un enorme ; el más grande que jamás hubieran visto. Lo mataron y colgaron su piel, como escarmiento y signo de victoria, en al puerta principal. Desde entonces, en la puerta de San Juan, cuelga un enorme pellejo oscuro, que dicen era el pellejo del “destructor”. Así queda reflejada la proeza de estos canteros.

Sin ánimo de fastidiar la leyenda, recientes estudios han dado lugar, después de unos rigurosos análisis, a que se conozca la verdadera naturaleza del “pellejo del topo”. Según los expertos, es solamente un caparazón de una tortuga gigante.

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