El día de San Isidro de 1975 León se estremeció con el caso de la ‘descuartizadora del Portillo’

La historia del crimen en León, la llamada crónica negra, no es por suerte muy extensa, pero sí tiene episodios variados y realmente truculentos, propios de una provincia de ámbito rural, militante en tiempos cercanos de lo que se llamó la España profunda. Sin embargo, de la variada gama de historias diversas hay una que sobresale por encima de todas, el llamado Caso de la Descuartizadora. Ése es ‘el caso’ o ‘el crimen’. Cuando en León surge una conversación sobre este asunto se habla de ‘la descuartizadora del Portillo’ e, incluso, casi todo el mundo recuerda su nombre: Covadonga Sobrino.
Ha habido casos terribles, como el de aquel desalmado Argentino o el macabro ‘crimen de la maleta’; otros muy tristes y sin resolver, como los de María José Zapico, Sheyla o Rocío… pero ‘el caso’ sigue siendo el de aquel singular crimen, cargado de historias colaterales que alimentaron el interés de la población y, porqué no decirlo, el morbo.
Fue el día de San Isidro de 1975. Es decir, ayer hizo 35 años.
Los hechos habían sucedido el día de San Isidro aunque las noticias no comenzaron a desencadenarse hasta un día después, el 16, y lo hicieron de una manera realmente macabra. Un jubilado, Francisco Villar Rubio, paseaba por la carretera de Caboalles en las inmediaciones de León. Buscaba caracoles cuando vio un saco en la cuneta, lo levantó pensando que seguro que traía caracoles pegados al plástico pero el fuerte olor que despedía le hizo pensar en los restos de un animal muerto. Abrió el saco y no podía creer lo que allí encontró: medio cuerpo, los restos mortales de la mitad inferior de un hombre.
Acababa de comenzar una historia que tuvo en vilo a la población y de la que aún se sigue hablando.

Fulgencio Fernández /