Sr. Zugazagoitia.

Director de

Madrid

Estimado Sr. mío: Soy Capitán del Ejército y desde que comencé a discurrir por mi cuenta, socialista. Le sería fácil comprobarlo preguntando a los obreros de la cuenca minera de Santa Lucía, de esta provincia o a los compañeros de las organizaciones de León. Más cerca aún: Tiene V, ahí en Madrid, a un elemento destacado del partido, Valle, consejero de instrucción pública, que me conoce y sabe cómo pienso. Esta carta, no es pues, ni de un oficial monárquico ni de un oficial señorito. Es simplemente la carta de un militar que a pesar de serlo, siente inquietudes espirituales y tiene la esperanza de una Humanidad mejor, de una más justa y más  científica organización social.

Por estas inquietudes, leo ávidamente su periódico 1934 y vibro con sus artículos. He visto con satisfacción la campaña hace tiempo iniciada a favor de las clases de tropa. Con esa campaña se matan dos pájaros de un tiro: conseguir para ellos unas mejoras que son de justicia y captarlas para la causa. Eso está bien. Pero ¿es imprescindible para ello ir contra los oficiales, consiguiendo su enemiga? ya sé yo, que es de mayor efecto en la captación que se pretende, señalar personalizando, los pretendidos culpables de las desdichas; pero entiendo -y conste que me he decidido a comunicárselo solamente en bien de la causa que El Socialista defiende- que puede hacerse muy bien la labor de captación, sin crear enemiga alguna y hasta conseguir otras captaciones no desaprovechables.

Llevo 20 años en el Ejercito y de ellos 12 de profesor de las clases de tropa. Primero en las Escuelas de cabos. Actualmente llevo 9 explicando a los Sargentos y Suboficiales. Esto me permite conocer sus necesidades, su formación, su espiritualidad. Ellos mismo –los de este cuerpo– podrían decir, hasta que punto estoy a su lado y hasta donde llega la estimación grandísima en que me tienen. Como además, conozco también a los oficiales estoy autorizado para decirles que en todo cuanto se dice en el artículo “Consideraciones elementales sobre política militar” (del 10 de febrero) habiendo mucho de cierto, hay mucho sin embargo de desorientación, que a los que simpatizamos con las ideas de El Socialista nos crea en los cuartos de banderas, una situación embarazosa.

El supuesto de que se parte en el artículo dista tanto de lo real, que sirve para que compañeros propicios a ser enemigos de ideas humanas, se apoyen en la falsa posición de aquel y tomándola como argumento decisivo ustedes, arrastren decididamente a los neutrales.

Yo creo, que les interesa profundamente, que de cada vez sean más los convencidos de la razón que les asiste. Y digo honradamente, que en ese artículo se hiere a los oficiales, porque si bien es cierto que los hay de la silueta moral que se delinea en aquel, también es verdad que la espiritualidad de los oficiales jóvenes –Capitanes y Subalternos– se ha operado un cambio radical, iniciado mucho antes de llegar a   . Somos muchos los que pensamos en socialista; pero la mayoría que no ha llegado aún a una orientación definitiva, es materia muy permeable.

Quiero decir con todo esto, que sería un bien al tratar el periódico temas militares, no dirigieran los tiros a romper brecha, precisamente por ese punto situado entre las clases y los oficiales.

De esto, sabia mucho Galán, el capitán fusilado en Jaca, que demostró su propio sacrificio, en que grados del ejército, está el verdadero sentimiento de la justicia; de una justicia humana. Cambiarían ustedes de opinión, si conocieran las luchas que sostienes esos oficiales jóvenes, para hacer que prendan en el mando esos ideales.

En la cadena jerárquica del ejercito, el punto de ruptura se halla perfectamente señalado y bien lo conocía aquel oficial asesinado por la monarquía. Pero en fin, el asunto es para hablar mucho y ya es excesiva la longitud de esta carta.

Yo les agradecería – por oficial y pensar en socialista– al escribir de las clase, pongan siempre “sabemos que son legión los oficiales que comparten nuestras ideas; que son muchos los que en el silencio aspiran a una mejor ordenación del Estado y del ejercito etc. ”. Este es el sentido para hacer bien patente el hecho de que si en el ejército quedan oficiales monárquicos , señoritos; abundan también los ampliamente demócratas, los ciclistas, que son precisamente lo mejor, lo más sano y lo más culto de la colectividad.

Aquí por ejemplo y como aquí en muchos regimientos – al menos de infantería– entre 24 jefes y Oficiales que constituyen la Plana Mayor y 2º Batallón del 36, leen: ocho El Socialista, cinco el Heraldo, tres o cuatro otra prensa como Libertad, Informaciones, etc. y solamente cuatro ABC; con la particularidad de que los que leemos El Socialista, no tenemos cambio en la orientación, mientras que los demás cambian frecuentemente de prensa y de idea. Esto les permitirá apreciar como piensan los oficiales. Tengan en cuenta que la guarnición de Madrid como la de Sevilla, San Sebastián y Santander, con alguna otra, por estar integrada por aristócratas o favorecidos, siempre se distinguió por un monarquismo creado por lo que nosotros llamamos “paniaguancia”  de aquella camarillas formada en derredor de los Berenguer, Cavalcanti, Saro, Sanjurjo, etc.

Por último y aprovechando esta ocasión, me permito decirle que yo escribiría en “El Socialista” – con seudónimo, por supuesto o sin firma sobre asuntos de índole castrense y desde un punto de vista determinadamente socialista, si a ustedes les interesase y siempre, claro que el artículo, examinado por la redacción, mereciese ser insertado. Que ello, aumentase el número de lectores en los cuarteles. Piénselo y me permito rogarles contestación con su juicio sobre cuanto dejo escrito.

Perdóneme esta enorme lata. Confiado en su discreción  le saluda con afecto su amigo –permítame serlo,

Firmado Juan Rodríguez Lozano. León, 14 de febrero de 1934.
Dirección. Juan Rodríguez Lozano. Capitán  Ayudante del Regimiento de Infantería nº. 36. León

 

 

 

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