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Pedagogo y ensayista. En 1930 fué nombrado inspector de 1ª enseñanza en León Durante estos años publicó varios textos pedagógicos entre ellos «la escuela moderna» (León 1927) y mi segundo libro de historia (Palencia 1934).
Defendió la causa republicana y se vió obligado a marchar al exilio. Al menos en julio de 1939 ya se encontraba en Cuba e impartÃa clases particulares.
Actúo como secretario técnico en la 1ª Reunión de Profesores Universitarios Españoles Emigrados, celebrado en la Universidad de la Habana, en septiembre de 1943.
]]>Entrevista a Laudelino Sánchez, 88 años. Puebla de Lillo, 7 de septiembre de 2011-09-10
Cuando estalló la guerra, hubo tres o cuatro dÃas que no se sabÃa nada. Nosotros tenÃamos la concesión de correos en Lillo, tenÃamos la exclusiva de correos. Los de la junta mandaron a mi hermano Teodoro, que tenÃa diecisiete años, en bicicleta, a informarse a Boñar. Allà ya le dieron un litro de aceite de ricino. En septiembre fue el primer ataque. Empezaron los fusilamientos, como los de dos hermanos que cantaban muy bien, los tuvieron cantando toda la tarde y los liquidaron por la noche. Uno llevaba los pantalones de la guardia civil. Los chicos vimos cómo los fusilaban y los enterraban.
En la cima de la torre habÃa un lanzabombas de madera.
Aquà dÃas antes del Movimiento paraba mucho en casa a comer el teniente Emilio, de Asalto, que después huyó de León, marchó para Portugal pero la policÃa portuguesa lo entregó y lo mataron el mismo dÃa con otros catorce. En León mataron a la cúpula del Frente Popular, al presidente del Frente Popular, Félix Sampedro.
Aquà la maniobra final de la guerra fue cuando los envolvieron [a los republicanos] subiendo por las cumbres, los rodearon por Barbadillo, que fue uno de este pueblo, de Lillo, quien les mostró el paso. Aquà como frente no hubo mucho. Yo me acuerdo de lo de la Peña del Ãguila, allà los moros caÃan como chinos. En Peña del Ãguila hubo mucho lÃo. Y en el pico Cueto, en donde fue la mayor batalla, allà no estuvieron los navarros. Y en Peña Agujas también hubo lucha. Yo tenÃa catorce años. Hasta el ataque de mayo del 37 sólo hubo tiros aislados. Cuando llegó la artillerÃa el 15 de mayo, de cada cien bombazos que mandaban explotaban 20. Los de la mehala de Gómara entraron en el pueblo cuando cayó el frente, en octubre del 37, yo estaba delante de mi casa. El jefe de la mehala descendÃa de Redipollos, estaba medio sordo. En Tarna un moro violó a una mujer, y lo fusilaron delante de todos para dar ejemplo.
Los republicanos tenÃan tres batallones en cada puerto, el que mandaba era Silvino Morán. Pero no tuvieron nada que hacer, aquello fue traición todo. Y otras cosas. Cuando empezó la ofensiva nacional sobre el puerto de Tarna, el resposable republicana llama a Mieres y la telefonista le dice que espere que tiene prioridad la llamada de los civiles, que son los pagan.
El tabor de regulares estaba en Boñar. Una CompañÃa de Asalto de Gijón estaba en el pico Cueto. A la gente de Cofiñal los evacuaron el dÃa de San Marcos, el 25 de marzo. En la carretera tenÃan una baterÃa de artillerÃa del 12 o 14. En Cerecedo, una casilla de camineros estaba repleta de moros. Fueron quienes mataron al dueño de un bar.
Los cuerpos de los muertos de la batalla de mayo del 37 se guardaban en la cochera de mi padre, yo recuerdo haber contado unos cuarenta un dÃa que entré allÃ. La centuria de Falange estaba al mando de un militar, Ãlvarez Cristo.
Estábamos escuchando la radio en el salón, eran las 10 de la noche cuando entraron; venÃan de Boñar; escuchamos los primeros cañonazos, era el 14 de mayo de 1937.
Muñoz Grandes dirigÃa una división y media de Navarra y tercios de requetés.
También me acuerdo muy bien cuando un avión italiano hizo un aterrizaje forzoso cerca del cuartel de la guardia civil. Lo habÃan alcanzado en el radiador. El piloto era un sargento canario. Era un caza de los italianos del aeródromo de la Virgen del Camino en León.
Eso de que Tarna lo quemaron los rojos era una mentira. En la casa del Cónsul se veÃa el impacto de una bomba que abrÃa en V, era evidente que lo bombardearon los nacionales.
Antes de la guerra en Lillo no habÃa comunistas, habÃa republicanos de Azaña y de la Unión Republicana de Gordón Ordás. Socialista sólo habÃa un vecino con carnet. Los falangistas venÃan de Boñar. Aquà mataron a todos los soldados republicanos que se entregaron al caer el frente. Pasearon a unos cuantos. También los falangistas asesinaron al maestro de Valdecastillo. Mataron mucha gente. Como el falalngista aquel que trabajaba en los almacenes Los Prados de León, que le metió el tiro de gracia a uno, eso me lo contó el que que excavó la tumba, que todavÃa le partieron las piernas al cadáver para que entrara en la fosa, y le robaron las botas.
El general Aranda estuvo aquÃ, en Lillo, yo lo vÃ. El teniente coronel Ceano dirigÃa una columna que pasó por aquÃ, camino de la Ferrerina por un camino antiguo de carro.
Mi hermano hizo la guerra con la República, se entregó en VillamanÃn, a un coronel que los llevó directamente a San Marcos a León, y se libró por eso. Aún asà le cayeron siete años y doce más por haber participado en la fuga del fuerte de San Cristóbal en Pamplona.
Tras la guerra se hizo dinero con el negocio de la ferralla, que habÃa unos gallegos en Boñar que mandaban vagones llenos a Bilbao.
Dos vecinos de Lillo, que eran primos, Pepe Cristo y Manolo, se pasaron una temporada en el cueto de Castiltejón, excavando para ver si encontraban el vellocino de oro que dejaron los moros; serÃa por los años 34 o 35, pero no encontraron nada.
]]>(Extracto del «Libro de San Marcos» de Victoriano Crémer*)
TenÃa razón Prida, qué hombre, tan distinto a cuantos ya llenábamos la celdona, más de cien hombres en no más de cincuenta metros y si no sobraba sitio, tampoco faltaba, que el ser humano es especie de muy singulares condiciones de adaptabilidad; pues tenÃa toda la razón cuando aseguraba sin levantar la voz, como si dictara una lección sobre Góngora, que la sinrazón no mueve montañas; desde luego, pero acaba con el prójimo, le replicaba nervioso Mariano Blanco, moviéndose entre los petates acumulados contra la pared…
Se nos habÃa llenado la celda de huéspedes y hubo que organizarse, por la cuenta que nos tenÃa, nombrando un cabo o representante para las autoridades del campo de concentración, que eso era San Marcos, vamos a dejarnos de eufemismos, insistÃa Fernández Pereiro, a quien llamábamos Rey como apellido más conocido, porque de prisión celular nada y de cárcel modelo mucho menos;y se nombró «capo» o cabo a un MuñÃz Alique, que parecÃa disponer de cierta consideración por parte de los guardianes; y bien que necesitábamos de autoridad representativa y ejerciente en el interior, principalmente en los momentos verdaderamente graves del programa del dÃa: la higiene a carrera contra reloj, el rancho y sus complicaciones, dada la enormidad de hambre almacenada, y el acomodo nocturno de ciento y más yacentes sobre espacio en el que anteriormente tan solo se alojaban dos caballos, por más que fueran percherones.
Sobre el territorio delimitado por una manta de munición extendida, yacÃamos y hasta dormÃamos debidamente, sincronizados los movimientos, Caruezo,médico; Fuertes, abogado y yo, que no era nada y «abultaba menos».
«Â¡Comeos los unos a los otros!», nos aconsejaban piadosamente los guardianes, «y asà tendréis más sitio»; y aunque no a tales extremos de antropofagia llegáramos y no por falta de hambre, sà se prodigaban los incidentes a la hora de acoplamientos nocturnos; y allà el capo y su autoridad antes de que la impusieran extraños a golpe de culata; pero salvadas esas extremadas circunstancias y las no menos extremadas a que obligaban las digestiones nocturnas producidas por la pueca y parca colación, a base de mondas de patatas entre cocidas que imponÃan en los descompuestos una alucinante tournée hacia los recipientes previstos para el caso, pisando durmientes, el resto de la jornada, si no se producÃan salidas para «prestar declaraciones», de las cuales no se regresaba o se volvÃa «como para no prestar», se desarrollaba normalmente, quiere decirse todo lo civilizadamente que cabÃa esperar de una comunidad a la fuerza tan diferente y, por tanto, de tan contrarias reacciones y comportamientos; que el hombre, explicarÃa no sin mala uva Blanco, nuestro dibujante, es una animal de costumbres.
La artesanÃa presidiaria habÃa conseguido preparar no solamente barajas, con cartoncillos de cajas de cerillas, sino hasta tableros y figuras para los juegos del ajedrez y de las damas, con piezas amasadas de miga de pan,composición ésta tan tentadora que nos obligó más de una vez a rehacer piezas y no solamente por la avidez de las ratas y ratones, de las que contábamos con nutridas mesnadas, sino porque el hambre es mala consejera y nunca faltaban estómagos republicanos o socialistas o ácratas agradecidos que se brindaran a dar hospitalidad a reinas y reyes; y era en ese tiempo de serenidad y confianza cuando se desplegaba el capÃtulo de las confidencias y todos acabábamos por saber un poco de cada uno, que tampoco la situación y los recelos eran como para confesarse, que en todas partes habÃa soplones.
También solÃamos recibir visitas de gentes, naturalmente adictas, o sea, muy de derechas, como decÃa el Chato del Puente, que nos contemplaban desde la puerta o desde la ventana, como si fuéramos monos, y es de suponer que por nuestro aspecto, pelados al cero, barbudos, andrajosos y malolientes, no cabrÃa la equivocación de suponernos seres humanos; cuando se cambiaba la guardia, los nuevos responsables de nuestros cuidados, qué cosas, solÃan someternos a sagaces interrogatorios: por ejemplo, a Prida, que habÃa declarado su condición de diplomático, le cargaban la tremenda culpa de haber sido nombrado por Gordón Ordás y, por tanto, que consecuentemente, erauna masón de tomo y lomo y un dinamitero de la sociedad y la religión; y como Acero, que era un muchacho empleado municipal y que presentaba bien visible en el mono que vestÃa, una S y una M, pues se empeñaron en traducirlas iniciales por Sindicato Marxista, y por intentar corregirles, asegurando bajo palabra que aquella S y aquella M significaban «Servicios Municipales»,se ganó un culatazo, que fue toda una lección para la comunidad.
De modo que, convencidos de qu en boca cerrada no entraban moscas y que porla boca muere el pez, acatábamos disciplinadamente cualquier anotación biográfica que se nos hiciera, mientras la población reclusa se incrementaba de manera tan alarmante que temimos que llegar un dÃa nada lejano en que nos viéramos obligados a dormir por turnos y a comer, es un decir, un dÃa a lasemana.
VenÃan grupos numerosos de Valderas, de Ponferrada, de Mansilla, de León,naturalmente: Pindado, uno de los Monje, ElÃas el de Villamandos, Félix Pérez, el Rojo del Molino, el Chato del Puente, Celiano el tipógrafo, Eloyel transportista, Campelo el comunista; allà todos hirviendo en aquella olla podrida de la celda número cinco; mientras Prida leÃa a Góngora, Blanco dibujaba, Caruezo ensayaba curaciones milagrosas sin medicinas, Fuertes aconsejaba argumentaciones jurÃdicas para las defensas inútiles ante los Consejos de Guerra y, en amplia colaboración, con música de tango,componÃamos el «Himno al ceneque o el que con pan sueña», y la coral «Cuatro paredes»…
Lo que no impedÃa que la máquina represiva funcionara inapelablemente,
rigurosamente y que fueran desapareciendo, por misteriosos turnos, los unos y los otros…
(*) Victoriano Crémer es un reconocido escritor leonés, en «El Libro de San Marcos» relata su experiencia personal como preso en este campo de concentración por haber pertenecido al Partido Sindicalista de Ãngel Pestaña
LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN FRANQUISTAS: San Marcos, León
Durante el periodo de 1936 a 1939, el edificio del antiguo Hospital de San Marcos en León se convirtió en uno de los mayores campos de concentración de España, con una población reclusa de alrededor de 7.000 hombres y 300 mujeres. Más de un millar fuero fusilados y en su gran mayorÃa inhumados en la fosa común del cementerio de León, donde ahora se va a instalar una placa con sus nombres a propuesta del Foro por la Memoria de León.
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La sublevación militar, que comenzó en el ámbito estatal el 17 de julio, se produjo en León el 20 de julio. Los militares sublevados no encontraron apenas resistencia, excepto en el Gobierno Civil, la Casa del Pueblo y en San Marcos. La sublevación se extendió con celeridad a las comarcas agrÃcolas leonesas sin encontrar demasiada resistencia.
La represión franquista comenzó durante la Guerra Civil, pero no finalizó con su conclusión, no fue un instrumento para derrotar al enemigo sino para destruirlo definitivamente. De esta manera, en primer lugar se produjeron los paseos, que consistÃan en fusilamientos colectivos de personas relacionadas con el republicanismo o los partidos de izquierda sin el más mÃnimo respeto a los métodos judiciales. En los registros civiles constarán numerosos muertos, algunos de ellos sin nombre conocido. Tristemente célebres serán en León los paseados de Puente Castro, Valverde del Camino o Villadangos del Páramo.
Los Consejos de Guerra sumarÃsimos comenzaron a ponerse en marcha un poco más adelante. PartÃan de una situación surrealista, ya que juzgaban por delitos como, rebelión militar, a quienes habÃan permanecido fieles a las instituciones republicanas, precisamente los que se habÃan sublevado contra ellas. Por si esto fuera poco, las garantÃas judiciales eran muy escasas, ya que se producÃan juicios en grupo o juicios que duraban minutos sin posibilidad de réplica por los abogados defensores.
Una parte importante de los juicios realizados inicialmente en la ciudad de León fueron a las autoridades republicanas, desde el gobernador civil Emilio Francés, al presidente de la Diputación Ramiro Armesto, pasando por el alcalde de León, Miguel Castaño Quiñones, que serÃan condenados y ejecutados. No corrieron mejor suerte el alcalde de Ponferrada, Juan GarcÃa Arias, el de Astorga, Miguel Carro Verdejo o el de Sahagún, Benito Pamparacuatro.
Las cifras que se tienen sobre los paseados en León fueron las aportadas por Ramón Salas Larrazábal que dio un total de 1.409 personas muertas, de ellas 624 por ejecución de sentencias judiciales y 785 de homicidios irregulares, a los republicanos les atribuyó 187 muertes. Se ha demostrado suficientemente que estás cifras se han quedado cortas, ya que tan sólo con los datos del registro civil de León se ven superadas con creces.
Es necesario tener en cuenta que la metodologÃa usada por Salas Larrazábal obviaba las muertes no producidas claramente por causas violentas, lo que eliminaba un importante número de fusilados, ya que muchas veces no se hacÃan constar las causas de la muerte o se reflejaban eufemismos que ocultasen la muerte violenta.
En estas listas de muertos no contabilizados habrÃa que incluir, por ejemplo, los pertenecientes al pozo Grajero de Lario. A este pozo fueron arrojados los cadáveres de 15 paseados. El 14 de julio del 2001 se hizo un acto en homenaje a estos paseados con la colocación de una placa. Evidentemente pozos desconocidos como el Grajero existen en un número importante en la provincia de León por lo que el número de fusilados fue sin duda alguna superior.
A partir de 1938 se multiplicaron los Consejos de Guerra. Los juzgados eran, básicamente, milicianos que habÃan luchado en el frente Norte. Entre julio de 1936 y diciembre de 1940 varios miles de leoneses –unos ocho mil- pasaron por los juicios sumarÃsimos según Wenceslado Ãlvarez Oblanca y Secundino Serrano.
Otro tipo de represión consistÃa en las depuraciones, es decir, el despido del trabajo simplemente por tener ideas polÃticas “contrarias al Movimiento nacionalâ€, comenzando por los polÃticos elegidos democráticamente que fueron rápidamente sustituidos, hasta los funcionarios que fueron investigados y depurados principalmente los relacionados con la enseñanza.
Las depuraciones en León afectaron a la Cámara Oficial de Comercio, a la Estación Pecuaria, Diputación, a los Ayuntamientos y en general a los funcionarios públicos. Las depuraciones alcanzaron una gran extensión en el sector de la enseñanza con medidas que iban desde la separación definitiva del puesto hasta la separación temporal complementadas con expedientes de responsabilidad polÃtica que conllevaban sanciones económicas y de cárcel. Dentro del Magisterio leonés de 905 expedientes, 186 maestros fueron separados definitivamente de su puesto y 40 murieron fusilados.
A lo largo de la guerra y en el primer franquismo el número de cárceles en la provincia de León aumentó espectacularmente. En la ciudad de León estaban la prisión provincial de Puerta Obispo y la fábrica de curtidos de Santa Ana. La prisión provincial en 1938 tenÃa 700 presos. Sobre la prisión de Santa Ana sólo se sabe que habÃa sido una fábrica de curtidos y que recluyó una media de 500 presos. En la provincia aparece la cárcel de Valencia de Don Juan con un gran número de presos. Por la cárcel de Astorga pasaron muchos anarquistas leoneses, lo que muestra que también tuvo presos polÃticos inclusive, acabada la guerra.

La prisión más conocida en el ámbito nacional de la provincia de León fue sin duda alguna el campo de concentración de San Marcos. Conocido por su extrema dureza y su superpoblación desde los comienzos de la guerra. En un momento inicial se constituyeron los “depósitos†de concentración entre los que ya estaba San Marcos. El 5 de julio de 1937 surgió la Inspección de los Campos de concentración de Prisioneros, con lo que se reglamenta la organización de los campos de concentración.
Todos los autores coinciden en señalar que el número máximo de presos fue alcanzado por San Marcos en 1938 tras la caÃda del Frente Norte, llegando a ser de 7.000 hombres y 300 mujeres.
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Belén Molleda / León
Un documento, hasta ahora inédito, revela que el que fuera obispo de León, José Ãlvarez Miranda, pidió clemencia para el capitán Juan RodrÃguez Lozano, el abuelo del presidente del Gobierno, José Luis RodrÃguez Zapatero, antes de ser fusilado el 18 de agosto de 1936 por mantenerse fiel a la República.
Este documento se exhibe por primera vez en un libro que se presenta hoy en León con el tÃtulo ‘El valor de un juramentoâ€
y en el que se describe la biografÃa de setenta militares fieles a la II República, entre ellos el capitán Lozano, según ha explicado uno de los autores del libro, Javier RodrÃguez, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de León.
Que el que un obispo adoptara una postura de este tipo, en el sentido de pedir clemencia, era algo “excepcionalâ€, dice RodrÃguez, aunque en el caso de José Ãlvarez, después se identificó con el bando republicano. Además del obispo de León, también pidió clemencia por el capitán Lozano el Colegio de Abogados de León, según ha explicado este investigador.
En este libro, también aparecen por primera vez referencias sobre quiénes compusieron el Consejo de Guerra previo al fusilamiento en León del capitán RodrÃguez Lozano.
Sin embargo, “no aparece por ningún lado la causa, ni por qué fue condenadoâ€, ha explicado.
Se entiende que fue fusilado por mantenerse fiel a la República y por sus ideas socialistas, ya que, por ejemplo, en 1917 actuó de abogado de los huelguistas de una movilización obrera que hubo por entonces. Incluso, el capitán Lozano fue expedientado en tiempos de la República por escribir una carta a un periódico socialista de Madrid, ya que un militar no podÃa expresar de ese modo sus ideas polÃticas, ha explicado.
En este libro, además se habla del testamento que el abuelo de RodrÃguez Zapatero escribió un dÃa antes de morir, en el que se pronuncia a favor de la paz en España y de los hombres.
La biografÃa del capitán Lozano es una de las más de setenta que aparecen en esta publicación, en la que ahonda en otros tantos militares de las nueve provincias de Castilla y León que fueron contrarios al golpe militar de 1936. “Se puede decir que en Castilla y León la mayorÃa eran golpistas; eran muchos menos los militares que defendÃan la Repúblicaâ€, ha comentado.
El tÃtulo ‘El valor de un juramentoâ€
se debe a que precisamente el Ejército se sublevó a pesar de que habÃa jurado fidelidad a la II República, un régimen democrático que fue fruto de unas elecciones. Precisamente, los que se mantuvieron fieles a ella fueron los que se consideraron traidores luego, ha explicado.
El libro, que también está escrito por el profesor de Historia de la Universidad de Valladolid, Enrique Berzal, se presenta hoy a las 20:00 horas en el Auditorio junto a una exposición en la que aparecen una buena parte de los documentos y fotografÃas que después desembocaron en este libro.
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PUBLICO.ES/AGENCIAS Madrid 17/08/2011
La Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH) ha comenzado los trabajos para exhumar los restos de 22 leoneses asesinados entre el 4 y el 5 de noviembre de 1937, vecinos de las localidades de Olleros, Sahelices y Sabero, que fueron enterrados en el reguero de una finca perteneciente al municipio de Joarilla de las Matas.
Según informó la asociación en un comunicado, en los trabajos de exhumación participará un equipo de voluntarios dirigido por René Pacheco y que contará con un amplio grupo de antropólogos forenses y sociales de diferentes paÃses, como Costa Rica, Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Guatemala. Los trabajos se prolongarán durante una semana.
Las investigaciones hechas antes de comenzar el trabajo sobre el terreno determinan que el 4 de noviembre salió un camión con una veintena de detenidos, con destino desconocido, aunque se tiene la certeza de que no sobrepasaron la finca de La Cenia, en el término de Villamar, al lado de Mansilla de las Mulas (León). De este grupo no se sabe la ubicación exacta, ya que en La Cenia hay cientos de asesinados, según fuentes de la ARHM. Al dÃa siguiente partió otro camión de Sabero con 22 personas, cuyos cuerpos fueron enterrados en la fosa que se exhumará.
Como el anterior transporte, el del dÃa 5 iba dirigido a la finca, pero una vez allà «se negaron a prestarse a más ejecuciones» y siguieron hacia Joarilla de las Matas, de donde eran originarios los guardias civiles que los trasportaron.
La ARMH se ha documentado en el Archivo de Ferrol sobre las detenciones practicadas en todo el municipio de Sabero
«Iban maniatados, pero el conductor, que era pariente de uno de los detenidos, les dejó las cuerdas flojas para que pudieran desatarse, y cuando empezaron a dispararles, probablemente al bajar del camión, uno de ellos corrió y salió ileso, quedando otro detenido malherido», señalan desde la ARMH, que añaden que los dos se mantuvieron ocultos tres o cuatro dÃas hasta que «uno no pudo continuar más y tuvieron que separarse», si bien no queda claro en qué dirección anduvieron ni cuánta distancia.
A partir de este momento las versiones son distintas.
La intervención en esta fosa parte de las solicitudes de algunos familiares que no tienen datos precisos de lo que pudo ser de sus antepasados.
Además, la ubicación del enterramiento, en una zona donde se realizan actualmente varias obras y canalizaciones de agua, hace que los restos corran peligro de desaparecer.
De momento, la ARMH se ha documentado en el Archivo de Ferrol sobre las detenciones practicadas en todo el municipio de Sabero, a partir del golpe de Estado contra el Gobierno de la República, para llegar a conocer la totalidad de las 44 personas asesinadas extrajudicialmente los primeros dÃas de noviembre de 1937.
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