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Belén Molleda / León
Un documento, hasta ahora inédito, revela que el que fuera obispo de León, José Ãlvarez Miranda, pidió clemencia para el capitán Juan RodrÃguez Lozano, el abuelo del presidente del Gobierno, José Luis RodrÃguez Zapatero, antes de ser fusilado el 18 de agosto de 1936 por mantenerse fiel a la República.
Este documento se exhibe por primera vez en un libro que se presenta hoy en León con el tÃtulo ‘El valor de un juramentoâ€
y en el que se describe la biografÃa de setenta militares fieles a la II República, entre ellos el capitán Lozano, según ha explicado uno de los autores del libro, Javier RodrÃguez, profesor de Historia Contemporánea de la Universidad de León.
Que el que un obispo adoptara una postura de este tipo, en el sentido de pedir clemencia, era algo “excepcionalâ€, dice RodrÃguez, aunque en el caso de José Ãlvarez, después se identificó con el bando republicano. Además del obispo de León, también pidió clemencia por el capitán Lozano el Colegio de Abogados de León, según ha explicado este investigador.
En este libro, también aparecen por primera vez referencias sobre quiénes compusieron el Consejo de Guerra previo al fusilamiento en León del capitán RodrÃguez Lozano.
Sin embargo, “no aparece por ningún lado la causa, ni por qué fue condenadoâ€, ha explicado.
Se entiende que fue fusilado por mantenerse fiel a la República y por sus ideas socialistas, ya que, por ejemplo, en 1917 actuó de abogado de los huelguistas de una movilización obrera que hubo por entonces. Incluso, el capitán Lozano fue expedientado en tiempos de la República por escribir una carta a un periódico socialista de Madrid, ya que un militar no podÃa expresar de ese modo sus ideas polÃticas, ha explicado.
En este libro, además se habla del testamento que el abuelo de RodrÃguez Zapatero escribió un dÃa antes de morir, en el que se pronuncia a favor de la paz en España y de los hombres.
La biografÃa del capitán Lozano es una de las más de setenta que aparecen en esta publicación, en la que ahonda en otros tantos militares de las nueve provincias de Castilla y León que fueron contrarios al golpe militar de 1936. “Se puede decir que en Castilla y León la mayorÃa eran golpistas; eran muchos menos los militares que defendÃan la Repúblicaâ€, ha comentado.
El tÃtulo ‘El valor de un juramentoâ€
se debe a que precisamente el Ejército se sublevó a pesar de que habÃa jurado fidelidad a la II República, un régimen democrático que fue fruto de unas elecciones. Precisamente, los que se mantuvieron fieles a ella fueron los que se consideraron traidores luego, ha explicado.
El libro, que también está escrito por el profesor de Historia de la Universidad de Valladolid, Enrique Berzal, se presenta hoy a las 20:00 horas en el Auditorio junto a una exposición en la que aparecen una buena parte de los documentos y fotografÃas que después desembocaron en este libro.
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Director de El Socialista
Madrid
Estimado Sr. mÃo: Soy Capitán del Ejército y desde que comencé a discurrir por mi cuenta, socialista. Le serÃa fácil comprobarlo preguntando a los obreros de la cuenca minera de Santa LucÃa, de esta provincia o a los compañeros de las organizaciones de León. Más cerca aún: Tiene V, ahà en Madrid, a un elemento destacado del partido, Valle, consejero de instrucción pública, que me conoce y sabe cómo pienso. Esta carta, no es pues, ni de un oficial monárquico ni de un oficial señorito. Es simplemente la carta de un militar que a pesar de serlo, siente inquietudes espirituales y tiene la esperanza de una Humanidad mejor, de una más justa y más cientÃfica organización social.
Por estas inquietudes, leo ávidamente su periódico 1934 y vibro con sus artÃculos. He visto con satisfacción la campaña hace tiempo iniciada a favor de las clases de tropa. Con esa campaña se matan dos pájaros de un tiro: conseguir para ellos unas mejoras que son de justicia y captarlas para la causa. Eso está bien. Pero ¿es imprescindible para ello ir contra los oficiales, consiguiendo su enemiga? ya sé yo, que es de mayor efecto en la captación que se pretende, señalar personalizando, los pretendidos culpables de las desdichas; pero entiendo -y conste que me he decidido a comunicárselo solamente en bien de la causa que El Socialista defiende- que puede hacerse muy bien la labor de captación, sin crear enemiga alguna y hasta conseguir otras captaciones no desaprovechables.
Llevo 20 años en el Ejercito y de ellos 12 de profesor de las clases de tropa. Primero en las Escuelas de cabos. Actualmente llevo 9 explicando a los Sargentos y Suboficiales. Esto me permite conocer sus necesidades, su formación, su espiritualidad. Ellos mismo –los de este cuerpo– podrÃan decir, hasta que punto estoy a su lado y hasta donde llega la estimación grandÃsima en que me tienen. Como además, conozco también a los oficiales estoy autorizado para decirles que en todo cuanto se dice en el artÃculo “Consideraciones elementales sobre polÃtica militar†(del 10 de febrero) habiendo mucho de cierto, hay mucho sin embargo de desorientación, que a los que simpatizamos con las ideas de El Socialista nos crea en los cuartos de banderas, una situación embarazosa.
El supuesto de que se parte en el artÃculo dista tanto de lo real, que sirve para que compañeros propicios a ser enemigos de ideas humanas, se apoyen en la falsa posición de aquel y tomándola como argumento decisivo ustedes, arrastren decididamente a los neutrales.
Yo creo, que les interesa profundamente, que de cada vez sean más los convencidos de la razón que les asiste. Y digo honradamente, que en ese artÃculo se hiere a los oficiales, porque si bien es cierto que los hay de la silueta moral que se delinea en aquel, también es verdad que la espiritualidad de los oficiales jóvenes –Capitanes y Subalternos– se ha operado un cambio radical, iniciado mucho antes de llegar a la República . Somos muchos los que pensamos en socialista; pero la mayorÃa que no ha llegado aún a una orientación definitiva, es materia muy permeable.
Quiero decir con todo esto, que serÃa un bien al tratar el periódico temas militares, no dirigieran los tiros a romper brecha, precisamente por ese punto situado entre las clases y los oficiales.
De esto, sabia mucho Galán, el capitán fusilado en Jaca, que demostró su propio sacrificio, en que grados del ejército, está el verdadero sentimiento de la justicia; de una justicia humana. CambiarÃan ustedes de opinión, si conocieran las luchas que sostienes esos oficiales jóvenes, para hacer que prendan en el mando esos ideales.
En la cadena jerárquica del ejercito, el punto de ruptura se halla perfectamente señalado y bien lo conocÃa aquel oficial asesinado por la monarquÃa. Pero en fin, el asunto es para hablar mucho y ya es excesiva la longitud de esta carta.
Yo les agradecerÃa – por oficial y pensar en socialista– al escribir de las clase, pongan siempre “sabemos que son legión los oficiales que comparten nuestras ideas; que son muchos los que en el silencio aspiran a una mejor ordenación del Estado y del ejercito etc. â€. Este es el sentido para hacer bien patente el hecho de que si en el ejército quedan oficiales monárquicos , señoritos; abundan también los ampliamente demócratas, los ciclistas, que son precisamente lo mejor, lo más sano y lo más culto de la colectividad.
Aquà por ejemplo y como aquà en muchos regimientos – al menos de infanterÃa– entre 24 jefes y Oficiales que constituyen la Plana Mayor y 2º Batallón del 36, leen: ocho El Socialista, cinco el Heraldo, tres o cuatro otra prensa como Libertad, Informaciones, etc. y solamente cuatro ABC; con la particularidad de que los que leemos El Socialista, no tenemos cambio en la orientación, mientras que los demás cambian frecuentemente de prensa y de idea. Esto les permitirá apreciar como piensan los oficiales. Tengan en cuenta que la guarnición de Madrid como la de Sevilla, San Sebastián y Santander, con alguna otra, por estar integrada por aristócratas o favorecidos, siempre se distinguió por un monarquismo creado por lo que nosotros llamamos “paniaguancia† de aquella camarillas formada en derredor de los Berenguer, Cavalcanti, Saro, Sanjurjo, etc.
Por último y aprovechando esta ocasión, me permito decirle que yo escribirÃa en “El Socialista†– con seudónimo, por supuesto o sin firma sobre asuntos de Ãndole castrense y desde un punto de vista determinadamente socialista, si a ustedes les interesase y siempre, claro que el artÃculo, examinado por la redacción, mereciese ser insertado. Que ello, aumentase el número de lectores en los cuarteles. Piénselo y me permito rogarles contestación con su juicio sobre cuanto dejo escrito.
Perdóneme esta enorme lata. Confiado en su discreción  le saluda con afecto su amigo –permÃtame serlo,
Firmado Juan RodrÃguez Lozano. León, 14 de febrero de 1934.
Dirección. Juan RodrÃguez Lozano. Capitán  Ayudante del Regimiento de InfanterÃa nº. 36. León
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